Enfoque a la Familia
por Dr. James Dobson
Nuestras familias ya no forman el núcleo tan fuerte como antes y es obvio que estamos perdiendo algo fundamental para el buen desarrollo del ser humano. Con esta columna, el Dr. James Dobson, intenta ayudarnos a través de sus consejos. Es un sacerdote/médico famoso en todo el mundo por su iglesia y cree mucho en el poder de la familia. (Also available in English.)
Muestras
PREGUNTA: ¿Debe un padre o madre obligar a su hijo a comer?
RESPUESTA: No. En realidad, la mesa es un posible campo de batalla en el que es fácil que al padre o a la madre se le ponga una emboscada. Usted no va a poder ganar allí. Un niño de voluntad firme es como un buen general militar que busca constantemente un lugar ventajoso para enfrentarse al enemigo. No necesita mirar más allá de la mesa. De todos los puntos comunes de conflicto entre las generaciones (la hora de acostarse, el cabello, la ropa, las tareas escolares, etcétera), las ventajas en una pelea relacionada con la comida están todas a favor del niño. Tres veces al día, un diminuto jovencito puede negarse sencillamente a abrir la boca. No hay manera de hacerle comer por la fuerza lo que él no quiere comer.
Recuerdo un niño de tres años que estaba decidido a no comerse sus guisantes, a pesar de la insistencia de su padre en que iba a tener que tragárselos. Se trataba de una confrontación clásica entre una fuerza irresistible y un objeto imposible de mover. Ninguno de los dos cedía. Después de una hora de arengar, amenazar, engatusar y sudar, el padre no había logrado su propósito. El niño seguía lloroso, sentado con un tenedor lleno de guisantes apuntando amenazador hacia sus labios sellados.
Por último, y a base de pura intimidación, el padre se las arregló para situar un bocado de guisantes en su lugar, pero entonces el niño no quiso tragarlos. No sé todo lo que pasó después, pero la madre me dijo que no tuvieron más remedio que meter al niño en la cama, todavía con los guisantes en la boca. Estaban asombrados ante su fuerza de voluntad.
A la mañana siguiente, la mamá encontró un montoncito de guisantes al pie de la cama, donde él los había escupido. Anotación final: un punto para el niño, y cero para el papá. Dígame en qué otro terreno de lucha un niño de menos de quince kilos puede derrotar a un hombre hecho y derecho.
Por supuesto que no todos los niños son tan resistentes, pero a muchos de ellos les gustan las batallas por la comida. Son su juego ideal de poder. Hable con cualquier padre o abuelo que tenga experiencia y le dirá que esto es cierto. Lo triste es que estos conflictos no son necesarios. Los niños comen tanto como necesitan, si uno impide que se llenen con las cosas que no deben. No se van a morir de hambre. Se lo aseguro.
La forma de tratar a un niño que come poco es ponerle delante buena comida. Si le dice que no tiene hambre, cubra el plato, póngalo en el refrigerador, y mándelo a jugar. Volverá al cabo de pocas horas. Hay un pequeño mecanismo en su estómago que le dice: "Dame comida". Cuando esto suceda, no le ponga delante dulces, refrigerios, ni pasteles. Sencillamente, saque la comida anterior, caliéntela y sírvasela de nuevo. Si protesta, mándelo de nuevo a jugar. Aunque pasen doce horas o más, continúe con este método hasta que la comida, toda ella, comience a tener un aspecto y un olor deliciosos. A partir de ese momento, la batalla de la mesa deberá pasar a la historia.
PREGUNTA: ¿Qué atractivo tienen todo el sufrimiento humano y la violencia que vemos en la televisión y en las películas? ¿Por qué la gente siempre quiere más de esas cosas?
RESPUESTA: Estoy seguro de que tiene algo que ver con nuestro afán de emociones y nuestra necesidad de escapar de la aburrida existencia que lleva alguna gente. Sin embargo, tengo que admitir que no lo comprendo del todo. Es difícil comprender por qué la gente disfruta viendo cosas tan sangrientas. Hace varios años, el programa de la televisión estadounidense que ocupó el primer lugar en todo el año, visto por más personas que todos los acontecimientos deportivos o que cualquier otro programa en el transcurso de un período de doce meses, fue Helter-Skelter, la historia de la familia de Charles Manson. Uno de los incidentes que se presentaron en ese programa especial televisado fue el asesinato de una mujer con ocho meses de embarazo, la cual fue brutalmente acuchillada en el abdomen. ¿Por qué va a querer nadie ver una brutalidad así? La popularidad de ese programa, y de otros semejantes, habla de forma dramática acerca de la depravación de la sociedad moderna y de nuestro afán de violencia.
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